:: PREÁMBULO.
   "...les dije que no quería ser una buena mamá...
"

Por: Juan Pablo Yáñez Barrios.

La mujer es el ser destinado a perpetuar a la especie humana. El don de ser madre no significa sólo tener un cuerpo capaz de traer al mundo a otros seres humanos, sino también la capacidad de saber guiarlos en sus primeros pasos por la vida. La experiencia de crianza va despertando la intuición femenina, lo que contribuye tanto a la protección de los hijos como al propio desarrollo como persona.

Ser madre implica uno de los aprendizajes más intensos de la vida. La mujer, al criar a sus hijos, cumple un rol doble: aprende a enseñar y aprende a crecer. El amor que ella desarrolla en esta experiencia le es útil por el resto de su vida, es parte de su formación definitiva.

La madre suele estar sola y suele recibir sólo exigencias. Es difícil encontrar un hombre que sepa realmente acompañarla, pues, en nuestra cultura, para él es denigrante desarrollar su aspecto femenino. El padre, más que nada, se encarga de exigir y exigir.

Y el medio social también exige. Nuestro sistema de vida interviene con reglas que dictan cómo educar para que las cosas resulten lo más convenientes posible. Pero, ¿convenientes para qué? ¿Quizás para cumplir con las pautas de conducta que exige el medio? No se puede obviar el hecho de que cada niño, cada ser humano, tiene una forma diferente de ser.

¿Cómo educar, pues, si la propia madre suele estar desorientada en medio de las exigencias? En la respuesta hay dos claves: conocimiento e intuición. Cuando no se sabe qué hacer, hay que dejar que surja la intuición femenina, que, sin embargo, no consiste en actuar en forma irreflexiva, sino en dar con la acción adecuada para la mejor salida en un momento dado.

Educar bien exige mucha sinceridad. Vicki Noble, escritora y curadora, cuenta en su libro El poder Natural de la Mujer sobre cómo habló con sus hijas cuando se dio cuenta de que tenía poca idea de cómo criarlas:

Les dije que no tenía la menor idea de cómo hacerlo y que los métodos que me señalaba la cultura no me atraían. Les dije que la cultura deseaba que las controlara y socializara

Maternidad, Pablo Picasso, 1905.

Tlazolteotl, la Gran Madre, diosa de todas las cosas y
madre de los dioses (Azteca, cultura precolombina).
para ser "niñas buenas" y para desempeñar su rol sexual adecuado. Les dije que se esperaba que acataran todos los reglamentos sociales y que llegaran a ser como los demás (...) Pero también les dije que las niñas corren un grave peligro en la sociedad y que no deseaba que viviesen descontroladamente. No quería que fuesen lastimadas, maltratadas ni deshonradas. Les dije que no quería permanecer en casa permanentemente junto a ellas y ser una "buena madre" de acuerdo con los cánones del sistema de su escuela secundaria. Deseaba escribir libros y estudiar yoga, explorar la curación psíquica y conocer otras realidades (...) Ya no deseaba cocinar ni comer carne aunque ellas desearan comer hamburguesas todos los días, de modo que, si no querían comer arroz integral y habas, tendrían que preparar sus propias comidas (...) A la corta edad de 8 y 10 años mis hijas cocinaban su propia comida y tomaban autobuses. Les dije que no quería tener un empleo fijo porque coartaría mi libertad creativa, que era lo más importante de mi vida. Ello significaba no poseer un automóvil ni dinero para gastar (...) Tuvimos que hacer sacrificios y ellas tuvieron que aceptarlos. Me preguntaba si alguna vez me perdonarían por querer ser yo misma. Pero sabía que, en un plano más profundo, era un ejemplo de lo que podía hacer una mujer, y que, cuando crecieran, podrían elegir su propia vida (...)